En el Evangelio de este domingo vemos a Jesús cansado junto al pozo. Allí se encuentra con una mujer samaritana que viene a sacar agua.
Un encuentro sencillo… que cambia su vida.
Jesús le habla de un agua viva, un agua que no se acaba y que puede saciar la sed más profunda del corazón.
En medio del camino cuaresmal, el Señor también sale hoy a nuestro encuentro.
Todos tenemos sed.
Sed de sentido, de paz, de amor, de esperanza.
Y solo Dios puede saciar el corazón.
Hoy la pregunta es sencilla:
¿De dónde estoy intentando saciar mi sed?
Que esta semana nos acerquemos al Señor con confianza y dejemos que su gracia renueve nuestra vida.
Después del encuentro con Cristo… el corazón nunca vuelve a ser el mismo. ![]()
Señor, danos de esa agua que da vida eterna. ![]()






